04 octubre 2007

23. Un lado. El otro.



1.
La primera vez que vi un libro de memorias de Liv Ullman fue en la feria Tristán Narvaja de Montevideo, hace ya cuatro años. Hasta entonces creía que Bergman era el único que escribía sobre las linternas mágicas del cine nórdico. Pero no. Liv Ullman también tomaba notas y recordaba los años en los que teatro, cine, matrimonios y despedidas se mezclaron con rodajes, miedos, hijos y diferentes tipos de crisis y viajes existenciales.
El día en el que compré aquel libro, Senderos (1977), llegué a pensar que había adquirido un ejemplar único, el último de los volúmenes, pues no tenía ninguna referencia de ese título inexistente en las librerías españolas. Pero mi ilusión bibliófila desapareció cuando en el siguiente puesto encontré una caja llena con ejemplares del mismo libro, cuyo precio era además diez pesos más barato del que yo había pagado.
Desde entonces, siempre que camino por la feria de Montevideo, me cruzo con las memorias de Liv Ullman. Lo extraño es que en España sigue siendo un libro rarísimo.
Imagino que un día, hace muchos años, un señor metió en cajas todos los ejemplares que encontró en las ferias de viejo españolas y los mandó en barco hacia el Río de la Plata.

2.
Cuando la semana pasada Liv Ullman paseó por la alfombra roja del festival de cine de San Sebastián, yo recordé de dos cosas: que la actriz había nacido en Tokyo. Y que en Montevideo sus memorias entran y salen de cajas de cartón esperando que un extranjero las compre y cruce otra vez el mar con ese libro bajo el brazo.

3.
Una vez rodé una película doble en una fábrica de espejos (y es que todo lo que sucede en una fábrica de espejos es doble).
Me habían encargado hacer algo relacionado con la mezcla de razas y el multiculturalismo, pero yo no estaba dispuesto a convertir aquello en una pantalla llena de colores y de tópicos. La primera decisión que tomé fue la de rodar gran parte del trabajo en blanco y negro. Después le pregunté a mi padre si conocía a alguien que trabajara en una fábrica de espejos. Terminé contactando con el encargado de calidad de una empresa llamada Vidrala, especializada en la fabricación de espejos de gran tamaño. El señor me invitó a la fábrica, me dejó grabar durante toda una jornada y llegó a explicarme con gran detalle la diferencia entre cristal, espejo y vidrio.
Cuando uno graba el automatismo rítmico de las máquinas entiende perfectamente a Picabia, a Duchamp e incluso a Marinetti. El dibujo que forman los engranajes, las ruedas, los tornillos y las planchas es totalmente hipnótico. Los trabajadores en cambio me parecieron demasiado normales. Yo había supuesto que eso de trabajar durante todo el día frente a uno mismo podía dar más juego. Incluso había imaginado que eso de crear espejos podía tener algo de metafísico. O por lo menos de borgiano. Pero en el tiempo que pasé en la cantina de la fábrica junto con los del turno de espejos no encontré nada especial. Hablaban del Athletic de Bilbao, de programas televisión y de un compañero que estaba de baja por un problema en la espalda. Pero nada de dudas de identidad o existenciales.
Eso sí, todos iban muy bien afeitados y ninguno de los que me crucé en la fábrica llevaba barba.

4.
También mientras preparaba aquel proyecto sobre heterónimos, identidad y la mezcla de uno mismo con uno mismo, vi en varias ocasiones Persona (1966) de Ingmar Bergman.
“¿Puedes ser una y la misma persona a un tiempo? Quiero decir, ¿yo era dos personas?”.
“Nadie pregunta si es real o irreal, si tú eres verdadera o falsa. La pregunta sólo importa en el teatro. Y casi ni siquiera ahí”.
La manera en la que las dos actrices protagonistas -Liv Ullman y Bibi Andersson- terminan fundiéndose me sigue pareciendo totalmente inquietante. Casi tanto como el extrañísimo encuentro entre Naomi Watts y Laura Elena Harring en Mulholland Drive (2001) de David Lynch.

5.
Daisy Diamond, del director danés Simon Staho, es una película que no va a estrenarse nunca. Por lo menos por acá (y "acá" en este caso abarca todo el territorio existente entre Bilbao y Montevideo).
Daisy Diamond es una adaptación rarísima de Persona de Bergman. Es también una película difícil, imperfecta, arriesgada, sin red, perdida, que acierta y que no acierta, que convence y se hunde, que hipnotiza, que cansa, que exaspera, que hace que la gente se vaya y que provoca discusiones con la taquillera del cine y con uno mismo.
Pero por lo menos lo intenta.
- ¿Qué intenta?
Construir una película basada en primeros planos de su actriz, Noomi Rapace. Por eso recuerda a La pasión de Juana de Arco (1928) de Dreyer. Incluso hay una secuencia en la que la actriz se rapa el pelo con unas tijeras y yo siempre he sentido debilidad por ese tipo de imágenes.
A mí me gusta que en el cine sucedan cosas y por un momento, durante el pase de esta película en San Sebastián, bastaba el rostro del personaje de Anna para que sucedieran todas las cosas que pueden suceder en una película. No hacía falta nada más.

6.
Paseaba cerca del mar frío de San Sebastián cuando me acordé del libro de memorias de Liv Ullman, del rodaje de una película en una fábrica de espejos, de lo lejos que a veces está todo, de lo cerca que a veces parece el otro lado y de lo extraño que es eso de afeitarse la barba mirándose a uno mismo.
Después se hizo de noche.
Después se hizo de día.

2 comentarios:

Rendl dijo...

Estoy leyendo un libro sobre "arte y fotografía" en estos días: y mira la casualidad me topo con una definición medieval del "espejo": "speculo sine macula", o sea: el espejo (es siempre) sin manchas; se le consideraba atributo de la Virgen o del Cristo resuscitado. Pero, pasando el tiempo, viene a encarnar también el pecado de Vanidad, la Suerte y la inestabilidad de la percepción del mundo. Bien y mal, Virgen y Lujuria (o Vanagloria), las dos cosas juntas.

Hay otra escena en otra película de Lynch que da miedo porque no se explica, no tiene ninguna relevancia en el interior del guión: en "Corazón salvaje", Nicolas Cage y Laura Dern, en su huida de la cárcel, en una de esas largas calles en mitad del desierto californiano, se topan con otro coche. Los conductores han muerto, sólo una se salva, sale del coche, está buscando el bolso que le regaló su madre, luego se cae y muere.

Anónimo dijo...

Estoy en Lille visitando a Marta y hemos hablado de ti, de Miguel y de Saartje...